REVISTA EL MITO A 45 AÑOS DE SU PARTIDA.
Sólo
50 años estuvo entre nosotros Violeta Parra, tal vez el medio siglo
más intenso de nuestra historia.
Al recordar su muerte, forzoso
es ocuparse del lugar que ocupa en la memoria de su pueblo, de lo que
hay valiosos y renovados testimonios que la sindican como uno de los
baluartes de la identidad nacional.
¿Cuál fue ese aporte y qué
importancia adquiere en estos días, cuando conmemoramos el
Bicentenario de la Independencia Nacional y debemos preguntarnos por
el quiénes somos y de dónde venimos?
Pregunta vital, sin cuya
respuesta quedaríamos desarmados, sujetos a toda catástrofe pues no
hay tragedia mayor que el no saberse uno mismo. ¿Quiénes éramos
antes de la locera prodigiosa y qué hemos devenido a partir de ella?
Qué y por qué el Bicentenario
La discusión está abierta. Se preguntan muchos qué
tenemos que celebrar en este Bicentenario, y se responden algunos
que, simplemente, nada.
Llegan otros, y exponen sus razones para
negar simplemente la idea de tal efemérides. Efectivamente, la
pregunta es pertinente: ¿qué tendríamos que celebrar?
A eso ya
respondió Recabarren en el Centenario: simplemente, nada, si miramos
la historia y el presente desde la perspectiva de los trabajadores,
del infinito pueblo.
Pero, escribía el Maestro en los albores
del siglo XX, pocos años habían pasado desde el horrible
“despertar” de la Masacre de la Escuela Santa María de Iquique;
subsistía el arcaico latifundio con todo su bagaje de injusticias;
el mundo obrero estaba sumido en las plagas de un capitalismo aun más
subdesarrollado que en estos días; carecían los trabajadores de los
instrumentos de su “emancipación”. La conciencia de clase de los
trabajadores no sólo estaba dormida, aun no había despertado. No
teníamos Parras ni Nerudas, ni una Mistral o un Jara. Y, entonces,
¿no sólo “qué” sino “cómo” íbamos a celebrar?
No lo
olvidemos: en la respuesta que podamos formular, están comprometidos
la propia obra y los escritos del Padre del Movimiento Obrero
Chileno.
Pero, oigamos a la cantora insigne:
“Varias matánzicas tiene la histórica
en sus
pagínicas bien imprentádicas,
para montárlicas no hicieron
fáltica
las refalósicas revoluciónicas.
El juraméntico
jamás cumplídico
es el causántico del desconténtico.
Ni los
obréricos, ni los paquíticos
tienen la cúlpica señor
fiscálico”.
¿No es verdad que nos hacía falta una Violeta para
aprender nuestra propia historia?
Porque, y ello parece evidente,
no es lo mismo lo que ocurrió en Chile hasta el Centenario que lo
que vino después, hasta nuestros días.
Es cierto: continuaron
las “matánzicas”, e incluso “se superaron” hasta el extremo
de septiembre de 1973. Pero, ¿son la misma la clase trabajadora del
Centenario que ésta del Bicentenario? ¿Y son Chile y el mundo los
mismos que hace 100 años?
Hace un siglo, el mundo estaba tan
dividido como hoy entre las naciones ricas y opulentas y las pobres y
subdesarrolladas. ¿Cuántos Haití había en aquellos tiempos? Y sin
embargo, ocurrió a lo largo del siglo XX un proceso de
descolonización que, aunque incompleto y deformado, cambió la faz
de la Tierra. Ocurrió una Revolución de Octubre, que aunque
frustrada fue el acontecimiento mayor a escala planetaria, y sin la
cual habría sido imposible ese mismo proceso de descolonización. Y
hubo una Revolución Mexicana, agraria y traicionada; y una Guerra
Civil Española, epopeya mayor de nuestros tiempos y que fue
sepultada por la misma barbarie nazi que cayó bajo los ímpetus del
Ejército Rojo; y hubo una Revolución Cubana…
Vivimos
una hora difícil para la América Nuestra, la de Bolívar y Sandino,
la de Fidel Castro y Salvador Allende.
Y nos dice Violeta:
“Cuándo será ese cuando,
señor
fiscal,
que la América sea
sólo un pilar.
Sólo un pilar, ay sí,
y una bandera,
que
terminen los líos
en las fronteras.
Por un puñao de tierra
no quiero guerra”.
El siglo XX fue para los chilenos el de la formación
del movimiento obrero organizado, el auge de la

sindicalización y la concreción de su espíritu unitario en las
grandes Centrales sindicales. Fue el siglo de la formación de los
partidos obreros y populares. Fue el siglo del Frente Popular y su
obra de desarrollo nacional. Fue el siglo de la sindicalización
campesina y de las luchas que condujeron a la Reforma Agraria. Fue el
siglo de la Nacionalización del Cobre, resultado de la conquista de
un Gobierno Popular. Fue el siglo del movimiento cultural más masivo
y fecundo de nuestra historia: el de la Reforma Universitaria; de un
movimiento musical, con Orquesta Sinfónica Nacional y Nueva Canción
Chilena; del Teatro y la Danza; del gran ciclo de los maestros de
nuestra plástica y del Movimiento Muralista; el siglo de la
Generación del 38 que instaló en nuestra literatura, junto a la
gran poesía, los personajes obreros y campesinos, sus gestas y sus
anhelos y esperanzas.
Desvalorizar el siglo XX, en este
Bicentenario, ¿no es, acaso, desvalorizar todo aquello que nuestro
pueblo hizo con sus manos y con su talento infinitamente multiplicado
en las tantas Violetas florecidas a lo largo de nuestra geografía?
La grande, indignada y tierna poesía
Fue Violeta Parra una artista indignada, le dolían
como propios todos los dolores. Y por eso cantó al niño y a la
mujer, al trabajador en justa huelga; al mapuche maltratado, ahora,
por los propios “chilenos”.
Pero también fue tierna, y en sus
poemas hallamos el dulzor de un Cantar de los Cantares pleno de amor
por sus semejantes, por la naturaleza, y por la suerte de cada uno de
los que sabía y quería suyos.
La conmovió la historia, en sus
hazañas y en sus caídas, y cantó así a la primera astronauta de
la Tierra como al Julián Grimaú torturado hasta la muerte por el
franquismo y en nombre del cual se preguntaba “qué dirá el Santo
Padre que vive en Roma”.
Si queremos buscarnos, en la forma en
que vivimos y tenemos conciencia de la manera de ejercer la condición
humana en nuestras particulares condiciones de tiempo, espacio y
clase, requisitos insalvables de una identidad diversa y en lucha
permanente por afirmar sus rasgos positivos y desechar lo superfluo y
“de mercado”, vayamos a Violeta: ella en nuestra Madre de la
Patria.
Ella no ha muerto.
Jueves, 04 de Febrero de 2010