Nietzsche y los fascistas * Por Georges Bataille

El judío Judas traicionó a Jesús por una suma de dinero nimia: después de eso, se colgó. La traición de los familiares de Nietzsche no tuvo la consecuencia brutal que tuvo la de Judas, pero resume y termina de volver intolerable el conjunto de traiciones que deforman la enseñanza de Nietzsche

Aysén y los problemas nacionales

Mario Domínguez C. La significativa posición que el conflicto desatado en la región de Aysén ha ido tomando en la escena contemporánea es digna de presentarse como una paradoja de la vida nacional.

Bajo los velos del Neoconservadurismo Farandulero: el rol femenino en el Chile convulsionado

Basta prender el televisor para satisfacer el consumo experiencial de las sociedades occidentales, el juego de roles y el morbo boyerista de describir a un otro lejano siguen siendo los pasatiempos preferidos del turismo de la alteridad. Desde CNN se observa con horror como sociedades musulmanas criminalizan mujeres por atentar contra el orden religioso descrito en el Corán.

Violeta Parra y una Identidad Bicentenaria. Fernando Quilodrán.

Sólo 50 años estuvo entre nosotros Violeta Parra, tal vez el medio siglo más intenso de nuestra historia.

"Pequeña historia de la fotografía". Walter Benjamin.

Excelente texto de Walter Benjamin desde el cual podemos dilucidar no solo una reflexión estética, sino una crítica descarnada del progreso moderno y del desarrollo técnico del las sociedades capitalistas, un motivo para dar cuenta de la tragedia moderna y sus vicisitudes en la vida contemporánea.

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jueves, 16 de agosto de 2012

Sobre la “ley Hinzpeter” y la idea de nación.


Mario Domínguez Castro
(exposición presentada el 16 de agosto de 2012 en la PUCV)

En la presente exposición trataremos de contribuir a una reflexión cuyo objeto sea reformular en términos históricos y políticos los principales elementos a diferenciar en lo que el debate público ha denominado “ley Hinzpeter.”
En una primera instancia debemos establecer que la llamada “ley de resguardo del orden público” no es una formación jurídica coyuntural. Pecaríamos de una ingenuidad histórica horrorosa si la practica habitual que pretende desplegar esta ley no fuera percibida como un momento de enlace con las formas bajo las que se ha constituido cierta idea de nación en Chile, cierta idea de chilenidad.
Trabajemos esto.
Sin duda alguna esta cuestión se remonta a acontecimientos históricos de larga data; el problema de lo nacional como una representación cívica, moral y política de la unidad estatal es uno de los debates que constituyen la identidad de las formaciones sociales latinoamericanas. La idea de nación en Latinoamérica lejos de ser un presupuesto, siempre es un mito, un ideal. Las clases dirigentes de la independencia no se caracterizaron, por cierto, de cumplir una labor modernizadora y democratizante. Mas bien asumieron el progreso moderno y la reformulación de los estados como una tarea meramente comercial, de independencia económica respecto de un centro molesto, paternalista y usurero. Tal independencia dificultosamente asumió dentro de sus prioridades un espíritu cívico e ilustrado y por lo tanto se anquilosó en una república a medias, lejana a los valores eurocentricos que inspiraron su existencia y renuente mas aún de valores prehispanicos o indocriollos que pudiesen vitalizar y dotar de tradición y cultura viva, originalidad y soberanía a la naciente patria mestiza.
Así el proceso de articulación de una cohesión nacional vino de la mano de la mezquindad de los intereses oligárquicos y terratenientes, de su complacencia y quietud. La articulación de la república estaba imposibilitada por la existencia de la gran propiedad que coartaba el desarrollo de un proceso modernizador y por consecuencia la incapacidad de constituir una sociedad civil reflexiva y politizada que pudiese ser sujeto de representación política y jurídica.
Debemos establecer también que las formas jurídicas son históricas y determinadas, es decir, son el resultado de un movimiento inmanente, inacabado y perpetuo de la humanidad. Son la representación de las relaciones culturales, económicas, morales y políticas de una sociedad determinada y por tanto son expresión de las fuerzas hegemónicas, dirigentes de dicha sociedad, de sus relaciones y conflictos. Las formaciones jurídicas y legales son, por lo tanto, la abstracción o representación teórica de un consenso. No debemos entender este “consenso”, como un “mero acuerdo” de partes, el consenso al que nos referimos tiene que ver con la operatividad de un consentimiento del cual se desprende la existencia de grupos sociales y clases a los cuales algunos intelectuales, entre ellos A. Gramsci, han denominado “subalternos”, es decir, que asumen como propio el discurso de las clases dirigentes.
La historia de las clases subalternas por lo tanto ha sido objeto de profundo debate en las ciencias sociales y la historiografía. Su comprensión nos ha permitido apreciar a los estados nacionales no como unidades orgánicas irrefutables, sino que le ha podido otorgar un sentido crítico y cierto a las tensiones por las que dichos estados están atravesados.
Sin ir mas lejos debemos recordar aquella opinión que Diego Portales tenía de la república. El llamado “peso de la noche” no era mas que el escepticismo político y poco republicano atravesado por la prepotencia de su posición social emergente, frente a un estado atrasado y falto de progreso. La solución portaliana excede toda legalidad, mas bien, tuvo que disponer de una legalidad propia para encumbrar un proceso de disciplinamiento nacional, en cuyo fondo se propicia una idea de nación que sintetiza aquella tensión histórica de la república: una modernización financiera e industrial primaria en la base de relaciones civiles coloniales y poco democráticas.
Un proceso de modernización es siempre regresivo y condenado al estancamiento sin una sociedad civil democrática que pueda impulsarlo y darle vida. El escepticismo portaliano, expresión de su severidad, contenía en su seno el retroceso político y económico. Sus consecuencias son tan amplias que solo a mediados de siglo XX y bajo el rol politizador del movimiento obrero, se empieza a reformular nociones tan anquilosadas como la unidad productiva de la tierra de la mano de la reforma agraria.
Debemos detenernos en este punto, por un momento. Nos parece necesario denotar una tesis central en la presente exposición. La nación. Como formación social en permanente resignificación, a partir de finales de siglo xix en adelante, empieza a ser víctima de un relato subterráneo. En efecto. Salvo en las tesis de Bilbao, Vicuña Mackena, Arcos y el activismo de ciertos liberales a mediados del siglo xix, no se puede hablar de un proceso masivo de politización y constitución de una sociedad civil de mayor envergadura que el que tuvo el movimiento obrero chileno a partir de finales de siglo xix y principios del xx.
La labor del movimiento obrero, del sindicalismo y de los partidos de izquierda con especial protagonismo del Partido Comunista de Chile, en la constitución de una ciudadanía efectiva fue decisiva para la historia de este país. Al contrario de las demás naciones latinoamericanas, el movimiento obrero chileno no dependió nunca (salvo posteriormente en la dictadura pinochetista) de “movimientos de liberación nacional”, entonces caracterizados por su caudillismo militar, dispersión ideológica y de intereses. El movimiento obrero chileno se caracterizó por su composición masiva y civil, partidista y democrática, lo que hablaba de un proceso de maduración, complejización y riqueza republicana que pocos movimientos de izquierdas en el mundo habían logrado constituir. Estábamos en frente de un grupo social alterno -ya no subalterno-, autónomo políticamente -autonomía entendida como la capacidad de articular un relato propio de la vida nacional y oponerlo al de la clase dirigente- y, como aspecto relevante, un movimiento dispuesto a constituir una mayoría nacional, a partir de alianzas amplias y progresivas.
¿Que tiene que ver la Ley Hinzpeter con los elementos que acabamos de mencionar?
Su relación en profunda y directa. La dictadura militar de Augusto Pinochet significó la destrucción de una idea de chilenidad que se venia forjando desde principios de siglo XX, su desarticulación por miedo del miedo, la tortura y la excepción legal dieron paso al exterminio de los valores cívicos y republicanos construidos hasta el gobierno popular de Salvador Allende. Si bien podemos decir que el proyecto de la Unidad Popular carecía de un consenso social avasalladoramente hegemónico, producto de la concentración de capitales y la actividad reaccionaria de derecha y algunos sectores medios, sumado al dogmatismo e indisciplina de sectores radicalizados en la izquierda. Podemos asegurar que este proceso es uno de los momentos republicanos de mayor riqueza en la historia de nuestro país, en términos culturales, políticos y sociales.
Lo que significó la posterior dictadura militar fue regresivo, la constitución de la república -construida a partir de un proceso de maduración nacional de riqueza sin igual- dio paso a un nuevo “peso de la noche”, escéptico, carente de sueños, de una moral escatológica. Jaime Guzmán fue su artífice, Nos volvió subalternos.
Hinzpeter habla, en su proyecto de legislación de “seguridad y tranquilidad pública”, de “salud pública” y de “moralidad pública”. Ha preferido la formula portaliana, de los palos, el guanaco y el zorrillo, del estado de excepción permanente -dice Agamben- , quiere reafirmar la idea de nación que se impuso en la dictadura, sin embargo el relato subterráneo de a poco vuelve a reafirmarse. “hay un secreto acuerdo entre las generaciones pasadas y las nuestras. Hemos sido esperados en la tierra. A nosotros, como a las generaciones que nos procedieron, nos ha sido dada una débil fuerza mesiánica sobre la cual el pasado tiene un derecho. Esta exigencia no se ve satisfecha fácilmente. El materialista histórico lo sabe.” (Walter Benjamin, Tesis II en Tesis de filosofía de la historia.)


martes, 28 de febrero de 2012

Aysén y los problemas nacionales.

Mario Domínguez C.

     La significativa posición que el conflicto desatado en la región de Aysén ha ido tomando en la escena contemporánea es digna de presentarse como una paradoja de la vida nacional. Sin duda ningún conflicto estuvo tan lejos y a su vez tan cerca de las preocupaciones y sentimientos de la generalidad del país. Su aislamiento -el problema del centralismo político, económico- da cuenta de algo que no es aislado; la lejanía de su padecer nos acerca, nos hace empáticos con una sensibilidad transversal y nos emplaza, lo mas paradójico es precisamente la condición de su proximidad: su confinamiento, su exclusión, un sentimiento de lontananza, nos une, una lejanía frente a una nación, ya muchas veces, remota.

     El movimiento social por la región de Aysén ha constituido un fenómeno que a fuerza y cinismo han querido olvidar los filósofos y sociólogos postmodernos, intérpretes de las -ya viejas- relaciones existentes en las sociedades del “capitalismo tardío”; representación cultural de la vida neoliberal. La cuestión Latinoamericana contiene como fuente de toda creación histórica una tensión que nos lleva de nuevo a nuestra particularidad, nos dice que toda idea con pretensiones de universalidad tiene en ultima instancia un momento concreto de realización práctica, de concreción histórica. Para la sociedad chilena ese momento se ha ido presentando. “Tu problema es mi problema” no contiene una multiplicidad de subjetividades aisladas luchando corporativamente por sus intereses, sino un sujeto múltiple que da cuenta de la transversalidad de su preocupación local.

     Aysén se enmarca en una serie de sucesos que han prefigurado un estado de conflicto latente, la manifestación pareciese un fenómeno regular, normalmente atribuido al manejo político del gobierno y a su incapacidad de dar soluciones concretas al conflicto. Lo cierto es que el gobierno tiene una responsabilidad eventual -pero no menos importante- en el asunto, la situación de conflicto que vive el país responde a cuestiones mas orgánicas, mas profundas que sin duda alguna escapan a las posibilidades y perspectivas programáticas del ejecutivo; el centralismo que la ciudadanía aisenina critica no es un problema administrativo -damos cuenta de ello cuando las autoridades locales sin reservas partidarias adhieren a la movilización- la descentralización escapa de una cuestión territorial y de acceso, el problema -político y económico- tiene que ver con la distribución de las riquezas y las decisiones que se toman para producirlas.

     El pliego de Aysén es a su vez muy variado; es una suerte de programa regional ecuánime a todas las posiciones y temáticas y se pretende avanzar en todas, como si fuese una nación dentro de otra nación. Un programa de gobierno. Se considera dentro de las perspectivas un avance paulatino, la exacerbación social y la violencia se perspectivan coyunturales a la pronunciación del ejecutivo; esta cesará en lo pronto, su fugacidad se a visto aplazada por la creencia del gobierno de que los problemas nacionales deben ser tratados como cuestiones de seguridad interna, ha administrado los conflictos sociales desde una doctrina de seguridad interior del estado que no ha dado paso a la generación de consensos, ha acostumbrado una política de trincheras.

     Todo el descrédito a las instituciones políticas de nuestro país por parte de la llamada “opinión pública” forman parte de una necesidad urgente de reformas políticas, económicas y sociales, el horizonte avizora que la solución no pasa por el camino que el país ha seguido desde los años 80', la crisis europea da cuenta de ello; lo que exige el pueblo de Aysén, los estudiantes y los que vendrán después de la presente movilización esta fuera de lo que pueda entregar la administración Piñera, la masiva aprobación de la figura de la ex presidenta Bachelet en desmedro de gran parte de su coalición política le otorga a una figura carismática no una promesa de voto, sino una exigencia programática, el cambio que la derecha durante mucho tiempo vino prometiendo y que a su pesar, sólo el brazo izquierdo de la política chilena puede comprometer.

viernes, 24 de febrero de 2012

Bajo los velos del Neoconservadurismo Farandulero: el rol femenino en el Chile convulsionado


     Basta prender el televisor para satisfacer el consumo experiencial de las sociedades occidentales, el juego de roles y el morbo boyerista de describir a un otro lejano siguen siendo los pasatiempos preferidos del turismo de la alteridad.
     Desde CNN se observa con horror como sociedades musulmanas criminalizan mujeres por atentar contra el orden religioso descrito en el Corán. Mujeres que habrían osado quitar sus velos, que se dieron una segunda oportunidad para amar o que osaron quebrar la imagen subordinada del genero al poder patriarcal. Mujeres orientales que son observadas por la civilización capitalista para construir desde su negación "la imagen femenina liberada". En ello el enfrentamiento simbólico-cultural ha servido a paises como el nuestro para delimitar el quehacer femenino desde casos mediaticos muy bien conocidos por todos. Sobre esto último la farandula criolla ha dado buenos frutos, desde este espacio mediatico se ha servido a la defensa de la familia heterosexual tradicional y al rol femenino como ente unificador de la sociedad chilena (catolicismo fundamentalista). Este juego se ha venido construyendo desde la mitificación pinochetista de las mujeres, es cuestión de revisar los discursos del General Pinochet para ver el lugar que ocupa el genero en este, según él fueron miles de mujeres las que golpearon su puerta para exigir el pronunciamiento militar, entregaron sus joyas y ofrecieron sus hijos para ir al ataque del virus marxista.
     Las mujeres de Chile fueron el recurso de legitimización (construir concenso) para la dictadura, la imagen de la mujer patriota capaz de defender los valores de la familia, del estado y la propiedad privada; ellas amamantaran sus hijos escuchando los huasos quincheros y les contaran con emoción hasta donde llegaban las filas para comprar 1/2 kilo de pan. El rol femenino construido paternalistamente por la dictadura militar se sigue explotando hoy, la farandula criolla presenta y explota elementos negativos (libertinas, frivolas y egoistas) para el consumo femenino, productos de feminidad que bajo una lectura neoconservadora representan el repudio de Chile y llevan la criminalización de cualquier intento de liberación radical femenina. En este sentido, el caso de Maria Eugenia Larraín da cuenta de un producto explotado y consumido por la mayoria de los chilenos y chilenas, en especial por mujeres que depositan ella, toda su defensa valorica a la familia y la moral femenina del buen comportamiento. Se ponen en duda sus relatos por no tener hijos o no haber construido una familia estable (como Dios manda) y lo que es peor por la cantidad (se hacen catastros) de hombres con los que habría copulado, por ello cuando se problemátizan las razones del quebre con el numero 1 de Chile, Ivan Zamorano representa la veracidad de los hechos ante la opinión pública ; su condición de hombre de poder, semejante a los Hazif (hombre musulman que conoce y sigue el Corán) orientales, lo posicionan como un hombre que lleva una vida en concordancia con la volutad divina. Estas similitudes parecen desiguales a simple vista, pero no debemos olvidar que la configuración cultural de las sociedades parecieran estar arraigadas en elementos simbólicos que a manera cotidiana se asumen por aceptación general del grupo social, donde los relatos discursivos (conversaciones cruzadas) o imagenes (que siempre son editadas) dan cierta naturalización de las acciones y el juicio a estas. El caso modelico de Kenita posee una carga simbolica tremenda: el juicio publico de esta mujer posee ciertas similitudes al caso de Doaa Aswad Dekhil, quien se convierte al Islam para contraer matrionio con un musulmán, al ser descubierta de su deshonra (no haber nacido dentro de las vondades del Corán) es apedreada hasta morir, en forma de suplicio público; es un pueblo completo el que apedrea a un mujer de 17 años a través del murmullo del bien común.
 
     En Chile, Kenita es insultada desde todos los canales de televisión y desde la mayoria de los hogares, los que bajo el supuesto "ella se los busco" (ventilación comercializada de su vida privada), nos daría a todos los chilenos la potestad de referirnos a su ultima conquista o bien su último quebre. El producto mujer-apedreable, es comercializada y explotada, bajo un paradigma de valores conservadores (familia, derecho individual y propiedad privada), el que ha servido para criminalizar a miles de mujeres chilenas, ya sea desde sus parejas o para generar auto-conflictos. Después de todo cualquier referencia femenina fuera del orden social neoconservador despierta sospecha, más sobre todo si no aprende la lección. La liberación femenina en Chile, solo estaría sujeta al consumo, mujeres eligiendo entre liquidaciones de zapatos o carreras universitarias más acordes a su rol social: el velo que cubre la farandula criolla, es mucho más preocupante que la vida de Kenita y sus relaciones temporales, el producto que se consume en la mayoria de los hogares chilenos es la negatividad de una mujer que lleva su vida en coherencia a mandato divino. No debemos olvidar, el incremento explosivo de feminicidios a nivel nacional o el incremento de las denuncias por violencia intra-familiar; los que claramente son la respuesta social a las contradicciones que se viven en terminos cotidianos y en lo discursivo. El apedreo constante ante mujeres que saltan el orden: paradigma patriarcal, emancipación económico, sexual, politica, etc. claramente deja en los hogares de chile abierto el debate, el que en muchos casos no ha tenido buen desenlace.
     La memoria es frágil en este país, el derecho a recordar es una labor fundamental de las profesoras de Historia, en especial de los derechos históricos femeninos, derechos que hemos ganado con grandes movilizaciones sociales a lo largo la Historia nacional y universal, esperemos que la liberación radical siga siendo el motor de las nuevas generaciones; el apedreeo a mujeres cualquiera sea su cultura y su proyecto individual debe ser una acción repudiada sobre todo entre nosotras, la solidaridad de genero es el primer paso para nuestra segunda emancipación.
Tenemos derecho a ser y hacer!!

Carolina Maturana Ibañez.
Estudiante Pedagogía en Historia y Ciencias Sociales.
Universidad de Valparaíso.

domingo, 22 de enero de 2012

Los estudiantes, Lenin y Brets-Litovsk

por Elias Mella, estudiante de Sociología UV.


     1.- Clausewitz, la guerra y la politica: El 16 de noviembre de 1831 muere de Colera Carl von Clausewitz, un año más tarde, en 1832, su viuda publica los manuscritos inacabados del militar agrupados bajo el titulo “De la guerra” desde donde surge su frase más conocida: “La guerra es la continuación de la política por otros medios”. Esta frase no implica igualar los horrores de la guerra al accionar político, sino que más bien entiende la guerra como un actuar especifico que implica llevar a cabo una postura determinada orientada hacia un fin deseado, es decir, es una manera de realizar un proyecto histórico-concreto.

     Si tomamos esta frase y la invertimos de forma de que la “política es una forma de guerra por otros medios” podemos observar que la política se entiende como un campo de batalla en donde se enfrentan con legitimo derecho un conjunto de posturas e ideas convergentes pero lo que nos interesa aquí es otro aspecto: la política al ser un enfrentamiento también puede ser analizada bajo interpretaciones pertenecientes al mundo de la estrategia militar.


     2.- Brest-Litovsk y la paz para URSS: El 3 de marzo de 1918 Rusia firma la paz de Brest-Litovsk con Alemania y el imperio Austro-Húngaro; las condiciones de este tratado para con el país oriental era extremadamente duras y fácilmente la paz de Brest-Litovsk se puede interpretar como una derrota para la nación Rusa, por ejemplo el artículo 3 de dicho tratado contemplaba que: “Rusia renuncia a cualquier reclamación sobre los territorios al oeste de la línea de influencia trazada previamente. El futuro status de dichos territorios será determinado por Alemania y Austria-Hungría”. Bajo estas condiciones ¿cómo se explica que Rusia haya firmado un tratado de tales características?

     La entrada del Imperio ruso en la Primera Guerra Mundial significó el incremento de las penurias económicas que sufrían sus habitantes, quienes en su mayoría vivían en situación de completa pobreza; las derrotas militares y la creciente incompetencia del régimen zarista exacerbaron el descontento de las masas rusas contra sus gobernantes. Lo anterior sumado a otros factores (imposibles de sintetizar aquí) es la antesala de la revolución Bolchevique de finales de 1917.

     Al momento de negociar la paz se pusieron en la balanza un conjunto de posturas políticas en torno a la decisión: La postura más extremista, guiada solo por un componente moralista, liderada por Bujarin planteaba que ante las condiciones impuestas por Alemania era impensable que Rusia cediera ante tales dictámenes, cuestión por la cual había que continuar con la guerra de hecho Brest-Litovsk constituía “un verdadero diktat, al amputarle a Rusia un cuarto de su población y suelo cultivable”[1], postura que en un primer momento se impuso “como es sabido, se había firmado un armisticio con Alemania el 15 de diciembre de 1917. Pero como del lado soviético las condiciones alemanas se consideraban exageradas, las condiciones de paz se fueron desmoronando”[2]. Es así como durante un tiempo Rusia se vio expuesta al avance y ocupación del ejército Alemán en sus territorios, de hecho:“Lenin impuso su punto de vista solo cuando la situación militar se recrudeció y las nuevas condiciones impuestas por Alemania (y aceptadas por los soviéticos en el tratado que firmaron el 3 de marzo de 1918) fueron aun más humillantes”[3]. ¿Cuál es la interpretación política del tratado de paz?


     Rusia al encontrarse entre una revolución que debía ser consolidada y un conflicto internacional que le estaba infringiendo grandes daños se veia en la necesidad de zanjar la paz con Alemania, ya que como escribe Lenin: “Cualquiera que sea la tregua, por inconsistente, breve, dura y humillante que sea la paz, es mejor que la guerra, ya que permite respirar a las masas populares”[4], así rebate a la postura que sostenía que “una paz durísima representa en toda circunstancia un abismo de perdición y de que la guerra es la senda del heroísmo y la salvación (…) Lenin evocara la necesidad para los revolucionarios de saber asegurarse una retirada”[5], la necesidad política de tal repliegue consistía en capitalizar los procesos y los logros que la revolución bolchevique había llevado a Rusia y no arriesgarlos ante el todo o nada de seguir con una guerra (que se puede interpretar como una guerra con incipientes estados capitalistas) que bajo ese contexto no tenía sentido: arriesgar la derrota mayor de Rusia con Alemania y Austria-Hungría era exponer a la revolución rusa al capitalismo. “El capitalismo de estado constituye precisamente esa línea de retirada. Por consiguiente, no saber retirarse en orden cuando se ha pretendido, demasiado deprisa, llevar una “ofensiva económica” y pasar inmediatamente a las formas socialistas de organización del trabajo es exponer la revolución a la muerte”.


     Si analizamos esta situación de manera metafórica bajo la fórmula del general Krasnov utilizada por Gramsci observamos que el paso desde una guerra de maniobra o movimiento (el enfrentamiento directo de un ejército contra las huestes enemigas) a una guerra de trinchera, la cual implica que “los ejércitos podían acumular en poco espacio y tiempo interminables de municiones”[6], era necesario ya que “En Oriente, el Estado lo era todo, la sociedad civil era primaria y gelatinosa; en Occidente, en cambio había una correlación eficaz entre Estado y la sociedad civil (…) El Estado era solo una trinchera avanzada, detrás de la cual se encontraba una robusta cadena de fortalezas y fortines”[7]. Bajo este marco ¿era pertinente el todo o nada, era pertinente continuar una guerra sin afianzar posiciones a la interna y arriesgarlo todo?


     3.- Brest – Litovsk y los estudiantes: Si se analiza a simple vista saltan los paralelos entre la decisión de paz de Brest-Litovsk y el repliegue visto en los últimos días en torno al movimiento estudiantil. Primero se debe partir de la afirmación –bastante básica por lo demás- de que este movimiento por la educación, como cualquier movimiento social, es eminentemente político y, por lo tanto, su análisis (como en el caso anterior) es susceptible de ser comparado con el tratado de paz de 1918 al menos en su forma: ¿Acaso el repliegue mismo del movimiento no implica al igual que en Brest-Litovsk no implica un momento de respiro de todos los actores sociales? Continuar ciegamente bajo análisis de tipo moralista y unilateral conducirá únicamente exponer al movimiento (a la revolución en el caso de Lenin) a una muerte inminente y sin sentido. Más que interpretar el repliegue como una derrota se debe interpretar como una nueva fase del movimiento, que permitirá renovar, fortalecer y capitalizar los avances de 6 meses de lucha y, lo más importante, abrir nuevos campos de batalla en los meses y el tiempo venidero.


[1] SALEM, JEAN. “Lenin y la revolución“ (2010). Barcelona: editorial Peninsula., pp. 48
[2] SALEM, JEAN. “Lenin y la revolución”. Ibíd., pp. 49
[3] SALEM, JEAN., Ídem.
[4] SALEM, JEAN. “Lenin y la revolución”. Ibíd., pp. 50
[5] SALEM, JEAN. “Lenin y la revolución”. Ibíd., pp. 51.
[6] GRAMSCI ANTONIO. “Antología”., Buenos Aires: siglo XXI editores., pp.
[7] GRAMSCI Antonio. “Antología”. Ibid.,. pp.